Aikido: pasado, presente y futuro
Chris Mooney, 6 dan shihan, Noviembre 2006
El Aikido comenzó en el mundo de su fundador, O Sensei, el mundo de Japón de los años 1930. En ese mundo, O Sensei, como practicante del camino del guerrero, no se dejó llevar por los demás, sino quedó fiel a sus propias convicciones, formadas de sus propias experiencias, y posteriormente inspiró a los demás a seguir en sus pasos. Eligió su camino y nos dió un ejemplo de cómo aprender. Hoy día nos encontramos viviendo en una sociedad muy competitiva, empujados en gran medida por el deseo del dinero, del poder, y de la fama — conductas poco virtuosas que debe evitar cualquier artista marcial.
Los discípulos de O Sensei han desarrollado a lo largo de los años el espíritu del Aikido de maneras distintivas, pero el mensaje queda siempre la misma — centro, contacto, compromiso — mientras que uno conserva su propia integridad.
Que el Aikido tiene sus raíces distintivos el la filosofía japonés es una opinión con la cual nadie puede estar en desacuerdo. Se arraiga en muchas culturas a través del mundo. A veces se ha visto amenazado con la comercialización y con la introducción de un elemento competitivo, lo cual seguramente implicaría el fin de los valores esenciales formulados por el fundador.
Mientas crezca en popularidad el Aikido, existe un peligro de rebajarse por teatralidad y auto-gratificación, que solo alimentan el egoísmo. A veces los “dojos” se han convertido en lugares donde la gente se encuentra, aprende unos cuantos trucos, se queman unas cuantas calorías y socializan, un poco como en un centro de ocio y poli-deportivo convencional.
En los tiempos modernos hemos visto la disolución de algunos de los valores tradicionales, por ejemplo, el del maestro y aprendiz o la relación estudiante-profesor, que se basaban en compartir los conocimientos y labores y en una conexión íntima. El aprendiz estudiaba bajo el carpintero, el granjero o el artista hasta haber aprendido la forma básica, antes de hacerse su propio camino por el mundo. El labor del aprendiz no era fácil y se le esperaba mucho. A cambio, él tenía la oportunidad de observar y aprender del maestro y de “robar” los secretos del maestro. Con ese sistema se aseguró que los conocimientos pasaban de una generación a otra sin que forzosamente se quedasen dentro de la familia.
Éste método de la enseñaza y del aprendizaje necesita un gran compromiso de tiempo de todos los involucrados. Han de proceder con paciencia, con diligencia y con la mente curiosa del principiante (shoshin). La vida moderna y la presión en nuestro tiempo pueden oponer estos procesos naturales de aprendizaje, pero el dojo es un lugar donde tales tradiciones pueden mantenerse.
Pueden crearse mundos enteros en libros, en televisión, en películas o en videojuegos. La gente puede sumirse en estos mundos, creando y destruyendo, y el jugador, el televidente o el lector reciben un sentimiento de poder y superioridad que no tiene base ninguna el la realidad. Estos mundos no son, sin embargo, experiencias completas, lo cual puede crear una falta de foco y compromiso a auto-cultivo en la vida de la gente. Por el contrario, los artes marciales tales como el Aikido, el Batto-ho y las disciplinas tales como el Zazen hacen frente a la realidad tal y como está.
En el mundo moderno ha ocurrido un proceso de “sanear” la efusión de sangre y del dolor — encender la televisión para ver las actualidades puede enseñarle al televidente una serie de muertos sin que él se sienta de verdad comprometido con el sufrimiento. Al estudiar los artes marciales, el individuo se encuentra más en conexión de verdad con el conflicto y con sus consecuencias.
En este mundo que se cambia tenemos en el occidente los gurús y el la gente del oriente ve la televisión, mientras que las tradiciones se pierden. En el Aikido buscamos a mantener la tradición de nuestra propia práctica, en particular la relación estudiante-profesor. Esta transmisión intima de la enseñanza forma parte de los principios naturales utilizados por O Sensei al establecer su camino y el nuestro.
Se han hecho parte necesaria de nuestro mundo del Aikido las organizaciones. Son necesarias para que podamos compartir y afilar nuestros conocimientos, aunque a menudo causan confusión y falta de eficacia ya que no se basan en los principios naturales. Por supuesto, las organizaciones pueden ser cultivadas siguiendo principios naturales e incorporar tanto ejes horizontales y verticales — autocracia/democracia — sin poner el peligro la relación estudiante-profesor, o, por cierto, la relación maestro-aprendiz. Podemos “robar” (pedir prestado) los consejos de los ancianos y adaptar su labor a nuestros tiempos modernos:
“El ser y el no-ser se crean uno al otro”
“Lo difícil y lo fácil se apoyan uno al otro”
Kohai y sempai se definen uno al otro
El profesor y el estudiante dependen uno del otro
“El antes y el después se siguen” (adaptado del Dào Dé Jing)
¿Cómo puede el Aikido desarrollarse en el mundo moderno? Si nos diesen a todos nuevos dojos bien arreglados como parte de algún plan de idealista para mejorar la salud de la populación, implicaría que los estudiantes de estos dojos emprenderían el camino a la libertad que busca cualquier guerrero de verdad, o sería una manera más de domesticarse. ¿Despertarían tales dojos el espíritu del Aikido en sus estudiantes? ¿Es el dojo un lugar de aprendizaje mecánica, o debe hacer desarrollarse sus guerreros de una manera más orgánica? ¿Cómo pueden nuestros dojos modernos estimular el viaje del aprendizaje que el aprendiz tradicional tenía que seguir? ¿Cómo pueden los dojos en nuestros tiempos modernos proporcionar un aprendizaje equilibrado y orgánico de las virtudes marciales?
El Aikido tiene un pasado, un presente y un futuro. Para preservar el entrenamiento en el futuro se necesita la aplicación ahora de las tradiciones básicas del pasado. El linaje de la tradición de O Sensei se mantiene a través del entrenamiento físico y las formas que nos dió nuestro propio profesor. La etiqueta del Aikido es tal que el respeto mutuo dentro del dojo debe ser reflejado en nuestro camino, y respeto mutuo de todos los seres humanos debe formar parte de nuestra práctica. Éste es el espíritu de la práctica de O Sensei. La mayoría de la gente concuerda con que la sociedad civilizada es la que cuida a sus miembros más débiles. El mismo espíritu es esencial en el dojo.
Todos nos descubrimos el Aikido a través del entrenamiento. Buscándolo en el presente implica cumplir con el espíritu de la tradición en vez de solo copiarlo. ¿Como podemos rendir homenaje al pasado al no ser que cultivemos el valor marcial en nuestros propias corazones a través de nuestra práctica de hoy día y en el futuro?
“El camino del guerrero se basa en la humanidad, el amor y la sinceridad. El corazón del valor marcial es la valentía de verdad, el amor y la amistad. Acentuar el aspecto físico del guerrero es vano porque la fuerza del cuerpo está siempre limitada.” — O Sensei
Translation from English into Spanish courtesy of Marion Brown © 2007.

